La cruda ciencia

“Le esperaba” atada en la camilla. En plena oscuridad. Temblando ante lo que sabía que siempre llegaría. Los pasos causaban eco en la oscuridad. Era un camino infernal que recorría el propio demonio. Y aún así, el verdadero horror comenzaba con la luz cegadora y luego con su cara. Siempre gritaba al verlo y se desquiciaba intentando liberarse de su amarre. Sus ojos negros, saltones y peligrosos eran tan oscuros y tan malévolos que parecía que sus pupilas se adentraban en lo más profundo de las cuencas, allá donde se pudría su cerebro y sus ideas, donde supuraba sadismo.

—No me desangres por favor. No me cortes otra vez. Te adoro —. La suplica sonó bajito, pero la mentira final era un murmullo.

—¿Sabes? Creo que quieres entender algo que no puedes —dijo como si hablase en un bar con un amigo y no como si tuviese a una mujer presa—. Tranquila, shhh, no tenemos prisa, te lo puedo explicar —comenzó mientras se levantaba a dar una clase magistral  cual profesor de universidad mientras blandía su cuchillo.
»La composición de las lágrimas es siempre la misma, agua, sales minerales, bla bla, pero dependiendo del sentimiento que las crea, se reflejan de diferente manera en el microscopio al secarlas, es todo química. ¿Fácil, no? Bien, pues de momento solo han determinado que existen tres tipos: causadas por emociones, las basales y las reflejas. Todas ellas diferentes por cambios químicos —lo dijo rápido, de memoria—. Yo quiero ir más allá, cariño, y lo tenía fácil, quería descubrir el cuarto tipo de lágrimas. Las lágrimas de amor que sé que existen. Necesitaba comprobarlo. Esas lágrimas que llorarías por mí, ya que tanto has clamado que me amas. Pero no —. Se acercó peligrosamente a apretar la cara de su amada.
»Tú no me amas, lo veo, es ciencia, ¡calla! no intentes rebatirlo, no puedes mentirme. Cada día haces que esté más cerca de crear un detector de mentiras basado en las lágrimas. Pero eso no es lo que quería, cielo —. Se acercó a su oído pegando su mejilla a la cara húmeda de ella—. Llora para mí, enséñame de que están hechas tus lágrimas. Ahora están compuestas de pánico y repulsa, y yo lo que necesito es amor y hasta entonces…llorarás sangre.

El cuchillo volvió a clavarse en su antebrazo, poco a poco, causando más dolor y más gritos agónicos, haciendo que la sangre corriese por el cuchillo y gotease, lagrimeando.

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Sketch de: Chuka

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