Vecina, yo te siento

vecina

Conocí a mi vecina un domingo. Llamó a la puerta con los nudillos muy pronto en la mañana y habló entre susurros. Me pidió una cebolla. No dejaba de mirar su puerta que había dejado entreabierta. Se excusó diciendo que quería hacer una tortilla de patata y no le quedaban. Y a su marido le encantaba con cebolla. Cuando deposité la verdura entre sus manos respiró aliviada y me dio las gracias sin mirarme a los ojos. Anduvo casi arrastras con sus zapatillas de andar por casa y entró en su apartamento cerrando la puerta, milímetro a milímetro, tras su delgado cuerpo.

La noche que se oyeron gritos y cerámica partiéndose en el apartamento de al lado llamé a la policía. No vacilé al marcar el número. Estuve atenta a todo a través del tabique, sufriendo por ella. Con ella.
Pronto se presentaron dos agentes en su puerta. Les intentaron despachar con la excusa de que unos platos se habían caído del armario y se había cortado por accidente. La policía procedió a llamar al samur para que atendiese el corte de la mujer. Quisieron aclarar todo y acabaron sacando la historia de la boca del hombre. Él mismo confesó que se ponía como loco de pensar que su mujer le engañaba. Intentaba convencer a los agentes apoyándose en locas teorías que incluían que se le había olvidado hacer la compra porque estaba con otro o que estaba adelgazando porque quería ligar más cuando le dejase. Añadió  que para liberar frustración rompía cosas. Para no romperla a ella.

Salí al pasillo y ofrecí mi casa como refugio, hasta que su marido se calmase y  ella, aunque dudosa aceptó. Sentí que debía hacer algo por ella, algo más que una llamada anónima, que le podría costar más golpes a la vuelta del monstruo con el que convivía.
La acosté en mi cama y no dejé de mirarle el antebrazo vendado pensando en que podía haber sido su melancólico rostro. Quizás no hoy. Quizás mañana.

A partir de ese día Victoria y yo nos convertimos en compañeras. Aguantamos juntas cuando él golpeaba la puerta a altas horas de la mañana llorando y amenazando, paranoico. Cuando teníamos que pedir la compra a domicilio porque se dormía junto al felpudo como un perro y nos mantenía alerta, cautivas.
Hasta que paró.
Porque le pararon.
La herida del antebrazo de Victoria se curó pero dejó una cicatriz. Una línea rosada y palpitante que marcaba un antes y un después.
Cada vez hablaba más de su historia. Era desgarrador ver como ella misma repasaba, la que era su historia de amor, descubriendo los momentos de anulación, vejación y traición. Pero era necesario para que no le volviese a suceder. Para que empezase a ser dueña de sí misma.
Descubrió la forma de quererse a sí misma siendo imperfecta. Aprendió a  no castigarse por sus olvidos ni tener miedo. Abrazó la sororidad, y todas, la abrazamos a ella.

Un domingo, al entrar en casa, me sorprendió con una enorme sonrisa, un tatuaje y un nuevo color de pelo.
Había decidido tapar la cicatriz de algo malo con algo bello. Un petirrojo se posaba calmado sobre las ramas de un árbol desnudo. Su nuevo pelo era entre violeta y color berenjena. Un color muy atrevido que le daba el aspecto de ser  jóven y empoderada. Ya que lo era.

Una maleta de ruedas descansaba al lado de la puerta.

— ¿Te vas? — pregunté.

—Sí. Vamos a vender el piso. — respondió con una sonrisa despampanante.

— ¿Y…a dónde vas?

—A donde yo quiera. — me respondió.
No lo dijo en tono cortante sino soñador. No es que no  quisiese decirme donde iba; ni ella misma lo sabía.
Había superado la tragedia. Había ganado. Había hecho honor a su nombre. Victoria.

Lo sabía porque las mujeres libres van donde quieren.

Anuncios

2 comentarios en “Vecina, yo te siento

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s