Historia de miedo con final…¿feliz?

Cuando tenía ocho años jugaba con un amigo en casa a pasarnos notitas por debajo de la puerta. Yo estaba en mi habitación, sentada en el suelo de parquet mientras que él se quedaba en el pasillo. No recuerdo ni que escribíamos pero  nos reíamos mucho por el hecho de tener una puerta de por medio. La risa empezaba al coger el lápiz e ir trazando temblorosas letras. La anticipación a la broma tenía algo inefable, como el que se ríe de su propio chiste. La risita continuaba mientras el papel se deslizaba bajo la madera y cuando las risas empezaban al otro lado la comunicación fluía y explotaba con fuerza.

Un día, Jorge, me pidió que le escribiese una historia de miedo. No escribí una historia en un trozo de papel rasgado porque las imágenes bullían en mi cabeza. Necesitaba más papel.
Otro día, con una intención fiera, me senté y escribí. Tenía una pila de más de 500 folios de colores en tonos pastel a mi disposición. Primero estaban los verdes, luego los amarillos, rosas, naranjas; todos distribuídos de 100 en 100. Este relato lo escribí en un folio amarillos que luego guardé en un cajón con papeles importantes: alguna redacción con un 10 en rotulador rojo, dibujos que demostraban maestría para mi corta edad y este manuscrito, que gracias a que lo escribí en papel amarillo parecía pergamino que había sido torturado por más años de los que en realidad tenía.

Os voy a dejar el relato íntegro, escrito por una niña de ocho años que hoy no reconozco como yo misma, porque os juro que me da miedo que se me pasara por la cabeza semejante historia. Esta es una historia de miedo con final feliz. O eso pensaba mi yo con ocho años…

 

Las niñas

Había una vez una niña que vivía con sus padres en una casa muy grande. La casa tenía un jardín enorme con hierba muy verde. También tenía un tobogán rojo y un columpio para la niña de la casa. El columpio lo construyó su padre con mucho esfuerzo. El columpio era para dos y por eso Violeta se sentía sola cuando lo usaba. El columpio estaba hecho de una ruedas sujeta por cadenas que tenía una tabla de madera en medio para poder sentarse y estar cómoda. A veces lloraba mientras jugaba por la soledad. Sus padres la veían desde la ventana de la casa mientras se columpiaba sola. Por eso  decidieron tener otra hija para que tuviese una amiga con quien jugar. Pasaron los años y Celeste , su hermana pequeña, creció y ahora las dos niñas podían columpiarse juntas. Eran muy felices. Las niñas rubias sonreían mientras se columpiaban muy alto dadas de la mano.
-¡Más alto! – decían mientras se columpiaban a la vez.
Un día, Celeste se columpió tan alto, tan alto que dio la vuelta al columpio y se descalabró.
Los padres quedaron destrozados por la pérdida pero no tanto como Violeta. Volvía a columpiarse sola. Sus padres lloraban la pérdida de su hija sin saber que Violeta quería estar con ella así que mientras ellos estaban en casa ella se columpió como lo hacía con su hermana. Se columpió alto, muy alto mientras gritaba “¡Más alto!”.
Siguió los pasos de su hermana y llego a un punto en el que el columpio dio la vuelta y se descalabró. Sus padres salieron de la casa corriendo pero no fueron lo suficientemente rápidos. Había perdido otra hija.
En el funeral recibieron mucho apoyo de todos los familiares y amigos. Los abuelos decían que las niñas eran tan buenas que habían ido al cielo. Que dejasen de llorar por ellas porque estaban en un sitio mejor. Todo el mundo iba de negro menos Violeta que llevaba un vestido blanco y parecía que dormía como un ángel. Pero sus padres lo sabían, estaba muerta igual que Celeste y estaban solos en el mundo sin sus pequeñas. Ya no habría otro hijo en el mundo que pudiese remplazarlas y el dolor era insoportable. Tenían que estar con ellas. De camino a casa lo decidieron, compraron lo necesario y siguieron su camino. Ya en el hogar decidieron hacerlo en el jardín, donde también habían fallecido sus hijas. Se rociaron con gasolina y se prendieron fuego con una cerilla. Morirían, pero todo sería por ir al cielo con sus hijas y estar de nuevo juntos los cuatro como una familia feliz.

 

nina-columpiandose

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6 comentarios en “Historia de miedo con final…¿feliz?

  1. Dios mío, tengo un trauma para siempre 😦 Jajajaja ¿Lo de final feliz se puede discutir? Pero qué bien escribías a los 8 años :O Yo tengo una historia por ahí de unas gemelas chinas que matan monstruos marinos pero son buenas porque lo hacen ahogándolos y no les hacen sangre: la percepción de la bondad cuando somos pequeñas da un poco de miedo…
    Un abrazo!

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