Relato: Los elementos de la juventud

Por si alguien no lo sabe, estoy haciendo un curso de escritura creativa de la UNED. Es un poco desastroso porque es P2P y no con un profesor. Solo me ha evaluado una persona mi relato, así que lo voy a colgar aquí por si alguien quiere darme feedback.

Al parecer iré trabajando sobre este texto todo el mes.

En este primer módulo teníamos que escribir sobre una experiencia que nos hubiese cambiado y bañar el texto de emociones.

 

Los elementos de la juventud

 

La arena crujía al andar.

—Coral, vete a casa, no nos sigas —dijo Daniel mientras subía la cuesta que llevaba a casa de Martín.

No contesté. Era mejor ser silenciosa, como un ratoncillo y simplemente ir detrás. Mi hermano mayor creía que su tono autoritario me ahuyentaría ya que solo tenía siete años, pero la curiosidad me podía. La pandilla de chicos de mis hermanos me sacaba siete años por aquel entonces y estaban entrando en la adolescencia. Les gustaba hacer el gamberro por el pueblo y estaba claro que hoy tramaban algo. Solo dejaban de montar en bicicleta y gritar por las calles para ello. Como no había más niños de mi edad yo me dedicaba a seguirles. Ya me había cansado de jugar a las cocinitas colando arena fina y machacando flores. Quería saber a qué se dedicaban los mayores.

Subí la cuesta dejando una distancia prudencial entre ellos y yo, quedándome fuera de la finca de Martín y sus hermanos. Observé sus andaduras tras el muro de piedra, metiendo mi cabecita entre los barrotes de metal oscuro, intentando fútilmente pasar desapercibida pese a la necesidad que sentía de enterarme de todo lo que sucedía.

La pandilla se puso a hablar en el pequeño jardín que había frente al porche de la casa de rústica piedra, sentados en el césped, mientras manipulaban una botella de plástico de Cocacola. Recuerdo que, por aquel entonces, no tenían la forma ergonómica que tienen ahora. Le quitaron la etiqueta y pude ver que en ella había un líquido claro al que le estaban añadiendo unos polvos. Pablo, uno de la pandilla, hacía bolitas con papel de aluminio y las colaba por el cuello de la botella mientras otro la agarraba. Mi hermano Iván, el mediano, se levantó y se sacudió el culo ya que se le había quedado lleno de césped y anduvo hasta el porche. Allí, en una de las esquinas, se acuclilló para buscar algo. Quedó fuera de mi vista, tapado por una valla.

Pablo había acabado de llenar la botella con bolitas. Al parecer solo bastaban con cinco o seis, así que le puso el tapón y se la quitó a Martín de las manos. Ya en las suyas, la agitó con ahínco haciendo que todo se mezclara creando una reacción espumosa.

—¡Qué vaaaa! —gritó Pablo.

Lanzó la botella contra el porche que estalló formando una alfombra de fuego sobre éste.

La garganta se me cerró y los ojos se me abrieron de par en par. ¡Ahí estaba mi hermano!

—¡Iván! —gritó mi hermano mayor desde el jardín.

Un cuerpo en llamas salió corriendo del porche y se lanzó al suelo, entre hierba, arena y paja. Las flamas seguían lamiendo su ropa queriendo llegar a la carne mientras rodaba en el suelo. Daniel empezó a golpearle con las manos intentando sofocar el fuego mientras le chillaba que rodase repetidas veces.

Mi vista estaba fija en el cuerpo de mi hermano, apresado por el fuego en un abrazo mortal. Noté el pis caliente discurriéndome por las piernas.

Daniel consiguió sofocar las llamas a costa de quemarse sus dedos. Sus ojos buscaron en todas partes hasta que se encontraron con los míos.

—Coral, ¡corre a casa! ¡Avisa a Mamá!

Jamás he corrido más rápido en vida. Ni siquiera cuando mi vida ha peligrado a altas horas de la noche. Cada vez que lo recuerdo siento que llegué a casa en tres segundos pese a la imposibilidad física.

Puedo trazar perfectamente el recorrido que seguí: bajé la cuesta, giré a la izquierda antes de cruzar el puente y entré en la casa, subiendo por las escaleras aprisa hasta llegar a la cocina cuya puerta estaba abierta de par en par. El esfuerzo de la carrera no se grabó en mi mente.

En la cocina me esperaban mis padres y mi abuela. Todos se giraron cuando entré y me quedé parada.

—¿Qué te pasa, hija? —preguntó mi madre levantándose para acercarse a mi—. Estás pálida.

Cuando abrí la boca para contestar, un chorro de vomito salió por ella. Aún recuerdo con claridad el charco de bilis acompañado de judías pintas a medio digerir contra el suelo de linóleo blanco y negro. Me agarraron e intentaron serenarme entre todos, pero no pude enviar el mensaje. Balbuceé y lloriqueé como la niña que era.

—Iv…Iv…Iván…

Mi madre gritó al verle llegar por su propio pie, seguido de Daniel.

Tenía el chándal hecho jirones. Algunos parches de tela se habían quedado pegados en su torso, mezclándose con la carne quemada, hinchada y roja. Su cara estaba gris por la carbonización del pelo. No tenía cejas ni pestañas, y la mitad del pelo de la cabeza había menguado.

Mi madre comenzó a llorar con histeria. Era el lamento más terrible que había escuchado nunca.

—Mamá tranquila, estoy bien —le decía mi hermano.

Mi padre se lanzó a marcar el número de emergencias.

Lo último que recuerdo de esas vacaciones de verano en el pueblo son las luces de la ambulancia perdiéndose en la carretera, llevándose a mi hermano y a mi Madre. El eco de la sirena resonaba contra las montañas del valle hasta que todo quedó en silencio.

 

***

 No sé como volvimos a Madrid. No sé qué pasó con los dedos de mi hermano mayor y no sé quien cuidó de mí. Hay un par de días que se me escapan, que se quedaron en el limbo de los recuerdos dolorosos que el cerebro entierra. Días en los que me cambiaban de manos porque era un estorbo. Yo no era una prioridad. Lo importante para mi madre era estar al lado de mi hermano que tenía quemaduras mayores en un 30% de su cuerpo.

Cuando me llevaron al hospital a verle, tuve que esperar al fondo de un pasillo muy largo y estéril. Para entonces ya le habían operado y podía recibir visitas. Mi hermano ocupaba una de las camas de la unidad de quemados del hospital de la Paz.

Mi madre me explicó que le estaban dando de comer una papilla muy rica a mi hermano, pero que se la tenían que meter por un tubo por la nariz que iba directamente al estómago, para comerla más rápido por ese gran sabor que poseía. Sonrió mientras me lo dijo. No la creí, pero fingí que sí.

Quería hacer mil preguntas, pero sabía que ningún adulto me las iba a responder, así que simplemente miraba hacia otro lado mientras hablaban intentando no mostrar mi interés. Pero escuchaba. La cosa estaba mal. Mi hermano viviría, pero conservaría unas horribles cicatrices y tendría un periodo de recuperación lento y doloroso.

Mi madre no volvía a casa por las noches. Se quedaba en el hospital durmiendo en una incómoda butaca. Mi abuela se mudó a la casa y me cuidaba porque mi padre no supo darme de cenar una noche. Intentó hacer un huevo frito y fracasó. No nos reímos de lo mal que le salió como hubiese esperado de él. Se puso muy alterado y tiró todas las sartenes contra el fregadero causando un gran estruendo. Por mi culpa estaba triste.

No me gustaba que me cuidase me abuela. Me migaba las galletas María en un tazón de colacao que me hacían vomitar por la textura grumosa. Se pasaba horas intentando que comiese. La desesperaba. Podía notarlo. Yo era una carga familiar, con todo lo que conlleva la expresión.

Un día, tras hartarse toda mi familia de mis pataletas, mi madre se acercó, se acuclilló frente a mí y me dijo:

—Hija, de ahora en adelante tienes que ser responsable. Eres mayor y tienes que levantarte sola. Por la noche quiero que elijas la ropa que te pondrás y la dejes en un montoncito encima del escritorio. Vas a tener que prepararte el desayuno; tomarte la leche con colacao aunque no te guste. Luego tendrás que vestirte, y no antes, para no marcharte. Tendrás que salir a tiempo de casa para ir al colegio. No hay cruces, todo el camino es recto así que tendrás que hacerlo sola.

Asentí.

Cumplí.

 

 

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8 comentarios en “Relato: Los elementos de la juventud

  1. Bff no sé por dónde empezar… La duda que he tenido todo el texto: ¿la historia es real? Creo que la narración te ha quedado muy bien, es muy clara y creo que transmite perfectamente las emociones. Me he quedado con mal cuerpo por Iván, por la culpabilidad que debe sentir Daniel y por las consecuencias que tiene en Coral. Como vas a seguir trabajando en este texto estaré pendiente 👀 Tengo curiosidad por saber qué te parece el curso online,¿podrías ir comentando o hacer una entrada cuando acabes? Un abrazo!

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    1. Lamentablemente la historia es real. Yo soy Coral y eso le pasó a mi hermano. Tengo que mirar a ver que hay que hacen en el módulo 2. Subiré 4 entradas y luego hablaré un poco de como ha sido el curso y lo que me ha gustado y lo que no.
      Aunque no pienso pagar 15€ para que me den la acreditación porque… me están evaluando compañeros y no una docente xD
      Lo veo un poco raro.
      ¡Mil gracias por leerme! Un saludo.

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      1. Me imaginaba que sería real porque has dicho que tenía que ser sobre una experiencia vivida pero uff es tan bestia… Pues lo siento por tu hermano, espero que se recuperara bien! Y me parece normal que no pagues si no vas a tener las correcciones de un docente, por eso los cursos online no me acaban de convencer…

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  2. Qué fuerte Lulu.
    He sentido demasiadas emociones leyendo este texto. Creo que no es perfecto gramaticalmente pero lo compensa con creces argumentalmente.

    Me resulta imposible imaginar cómo debe ser pasar por algo así en directo, pese a que en mi familia hay dos casos de accidentes similares y de consecuencias con hospitales de por medio, yo no estuve allí para vivir en directo ninguno de los dos.

    Ánimo y aunque sé que hace mucho tiempo espero que tu hermano pudiese recuperarse. En cuanto al curso, no sé, es raro que no corrija los textos un profesional. No me convence. Pero estaré pendiente de los avances que hagas.

    Un beso.

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    1. Gracias Stiby. Supongo que al menos he cumplido la tarea que era mostrar esos sentimientos.
      La verdad es que es bastante hardcore ver a alguien quemarse. A posteriori me ha contado mi madre todo lo acontecido en el hospital y bueno… fue durillo, pero mi hermano está bien. Tiene cicatrices feas, pero está sano.

      El curso es que es gratis, si quieres la acreditación pagas 15 € pero… va a ser que no xD
      Lo estoy haciendo porque bueno, supongo que puedo aprender algo. No soy una maestra aún (aunque viendo algunos de los relatos de allí diría que sí. Os lo enseñaré en correos futuros).

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  3. Muy bueno. Hay una progresión de la tensión anticipando algún incidente. Podía notarlo en la piel a cada linea, de verdad.
    Hay emoción y no cuesta nada meterse en la piel de la niña que eras, yo estoy impresionado.
    Me permitiré la arrogancia de intentar mejorarlo un poco (ya ves) señalando que quizás tendría un inicio más potente eliminando la primera linea y comenzando directamente en el dialogo. Es una impresión que me ha dado al leerlo la segunda vez.

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    1. Jo, muchas gracias. La verdad es que una vez me acordé del tema y vi que era algo que ya había pasado hace tiempo y no podía hacerme mucho daño al recordarlo me lancé a ello. Y las críticas del foro son… chuchurrías.

      Me parece acertado el cambio que me dices. Me han dicho también que mejoraría el final si solo pusiese “Cumplí” o “Asentí” pero no las dos. ¿Qué opinas?

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      1. Ahora que lo dices, suena a buena idea. “Cumplí” me parece la mejor opción, la proyección al futuro es una buena imagen de cierre, creo.

        A mi me parece que el relato está muy bien, la verdad, no soy un experto pero lo encuentro muy bien construido, y sobre todo, que transmite mucho. Esas partes en las que la niña se siente culpable o un estorbo me encogieron el pecho.

        Yo me apunté al curso, pero al final no he hecho nada, el tema de no ficción me tuvo unos días dándole vueltas y no supe que contar. No ando muy sobrado de ideas y al final me eché atrás. Seguramente yo habría sido uno de esos relatos que dan cosita de todos modos.

        PD: Ah, vi lo del Ripley, enhorabuena ^^

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