La NO importancia de ganar

Hace un tiempo, al salir el fallo de un concurso de rechazos, mi amiga Cris Melgosa escribió un post sobre “La importancia del rechazo“. Yo quiero hacer un artículo paralelo al suyo.

Yo nunca había ganado nada. Había quedado segunda en un certamen del instituto (que me dieron 50€ y que tristemente ya puedo decir que he ganado más como escritora que como Técnico de Laboratorio) y ganado un concurso de microrrelatos (el #cfAllan), pero nada grande (no quiero ofender, que realmente me gustan mucho los concursos de micros pero se ve poco “mi estilo” si es que tengo…)

A día de hoy, soy una de las finalistas del I Premio Ripley de ciencia ficción y terror. No es exactamente ganar porque era un concurso y ganó otra persona, pero para mi ser finalista ha supuesto un antes y un después en mi carrera como escritora. No os voy a negar que es un privilegio ser publicada, pero también he tenido sentimientos encontrados.

Hace tiempo que llevo lo que llamo un “Bingo de rechazos”. En una página de mi bullet journal voy haciendo dibujitos con la cantidad de veces que me rechazan un manuscrito. También tengo en el ordenador una carpeta con los textos rechazados y un .doc con las entidades que me han rechazado, el título de la obra y el número que le corresponde.

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Es catártico a más no poder. Cada vez que me rechazan y lo apunto siento que tengo más fuerzas para probarme como escritora en el siguiente concurso. Es como un desafío.

Pero eso no fue lo que pasó con el fallo en el que salí finalista.

Primeramente he de decir que fue un concurso magnífico, donde todas nos apoyamos muchísimo haciéndonos de betas y dándonos ánimos. Se respiró un ambiente de competencia sana y sororidad. El premio tuvo una gran acogida ¡179 relatos!

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Quedó demostrado que las mujeres quieren que se las lea y tome en serio como escritoras y que un premio no-mixto invitó a muchas a escribir ciencia ficción y terror, que son dos géneros donde las mujeres son minoría. Eso era lo que pretendía este premio. Y cumplió. Con creces.

Se guardaron los momentos de felicidad tras el fallo. Seleccionaron un 6’70% de los relatos enviados. Tan solo 12.

Además de estar convocado por Triskel ediciones y Portal del escritor, tuvo grandes juezas. La presión era máxima. Ningún certamen va a ser tan prestigioso para mi a nivel personal (quizás Alucinadas también). Pero este era la primera edición. Y eso era algo muy bonito de vivir.

Las juezas fueron: La Nave Invisible, Duxiet, Daína Chaviano y Tanya Tynjälä.

Por último se invitó a Elia Barceló para que hiciese el prólogo.

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Todo esto hizo que fuese un caldo de cultivo para pasarlo mal. Generalmente me presento a tantos concursos que ni me acuerdo de cuando los fallan, o no sé ni que relato he mandado y para qué. Pero este era especial. Y cuando vi mi nombre entre los finalistas me quedé sin palabras. Luego lloré y de repente llegó un mal estar. La tripa quería purgar el poco café que había ingerido esa mañana y la cabeza me daba vueltas. Me tuve que acostar. No me lo creía. Y lo peor fue que empecé a agobiarme.

 

ME VA A LEER GENTE. Y ME VA A JUZGAR.

 

“¿Y si no les gusta mi relato?”, “¿Y si piensan que es el peor de la antología?”, “¿Y si critican todo el premio porque creen que mi relato no tiene la calidad suficiente?”, “¿Y si les gusta y ahora lo siguiente que escribo es mediocre?”, “¿Y si la gente se desencanta de mi y piensa que ha sido todo un golpe de suerte”? “¿Y si…?”

Muchos supuestos. Mucha ansiedad.

Por culpa de que a más esfuerzo y tiempo = mayor calidad. Que no es desacertado del todo, simplemente necesita de más factores a tener en cuenta.

COMOCREES

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Explicación del gráfico: Pues escribir una maravilla y que la siguiente cosa que salga de entre tus zarpas sea pura mierda. Escríbelo para saberlo.

 

Después de este fallo he estado un mes completo sin escribir. Bloqueada. Por mi propia manía perfeccionista pero a la vez fatalista de creer que lo siguiente va a ser mierda en comparación cuando debería ser mejor. Y es algo que no puedo saber hasta que lo escriba. Y que si falla no pasa absolutamente nada. Que yo como escritora no me cierro a leer más obras de escritores que no me han convencido del todo. Pero pienso que hay quien no me la dará. Y me agobio y frustro.

Poco a poco he salido, y la verdad es que más de esos rechazos me han dado otra vez más ganas de escribir. En concreto 4 de ellos. Me están haciendo reescribir y mejorar.

Ganar no es importante, es mejor tomárselo como un rechazo. Algo que no dejas que te afecte negativamente sino que te hace avanzar con más ganas de probarte a ti mismo. Pero no te puedes quedar esperando el feedback. Ni el negativo ni el positivo.

Al final siempre quedamos en lo mismo, que el escritor tiene que escribir y ya.

Publicar no reduce en un ápice la ansiedad que sentimos los creativos. 

 

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10 comentarios en “La NO importancia de ganar

  1. Bueno… cuando me asaltan los pensamientos fatalistas me consuelo pensando que los trabajos buenos terminan ocultando a los malos, a menos que escribas algo tan malo que se vuelva de culto, pero como ya eres una autor de culto no importa que escribas mal.

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    1. La verdad es que parece que apunto los rechazos en plan lista negra, pero en realidad son intentos y esfuerzo, peldaños que he subido. Porque cada uno me ha ayudado a mejorar. Me pone muy contenta ver muchos, y gracias a dios se quedan en la sombra y solo se verá lo mejor. O al menos lo que otros creen que es lo mejor.

      Un saludo.

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    1. Nos pasamos mucho tiempo pensando en las reseñas y en realidad no podemos hacer NADA. Está fuera de neustro alcance. Podemos escuchar a los elctores beta, correctores, editores… cuando el libro ya está hecho. Lo que viene después no nos interesa porque no podemos hacer nada. Y sin embargo, nos preocupa muchísimo.
      Nos tendríamos que poner anteojeras y solo dedicarnos a escribir a veces.

      ¡Un saludo! :3

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  2. Yo esto siempre lo he pensado y comentado. Que hablen mal de ti cuanto mas mejor, lo peor es dar unas expectativas y luego tener que cumplirlas, cuando estas en la mierda o te quedas o sales pero ya no pierdes nada XD

    No se si es lo que comentabas pero yo me he quedado con esas dudas, miedos y frustraciones que comparto en parte contigo

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    1. Pues sí. La verdad es que pienso en el que dirán los demás pero a la vez también tengo una expectativas conmigo misma. Solo veo enemigos que critican, algunos tendrán razón y otros no. De momento, seguiré adelante para mejorar.

      Un saludo y espero que esas frustraciones disminuyan.

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  3. Me alegra mucho ver que vuelves a escribir y que has podido sobreponerte a esos pensamientos fatalistas ^^

    La autoexigencia y el perfeccionismo son dos muy puñeteros y más si los acompaña la ansiedad. Lo importante es que al final lleguemos a ser realistas, como bien cuentas, porque nos preocupamos por cosas que no podemos controlar o sacando conclusiones precipitadas. Pero es más fácil decirlo que hacerlo xD

    Tomaré tu consejo y escribiré aunque solo salga caca. La caca también es útil y se puede aprovechar, por ejemplo como abono.

    Saludos :3

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    1. Me ha encantado lo del abono Jen Jajajaja
      La mierda que vamos escribiendo es el abono de nuestra carrera literaria. Sin los malos textos no tendríamos los buenos. Para mejorar hay que ser mal escritor también.
      ¡Un abrazo!

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  4. Hola 🙂 Una texto muy interesante, la verdad. Y es que el rechazo nos hace probarnos, superarnos. Si puede hundirnos, pero del fango de sale. Lo malo puede ser cuando todo sale bien. Te relajas, no te exiges, no tienes meta, no ves lo que puedes llegar hacer. Te agobias, te pierdes, y la caída es más alta que desde un rechazo. No lo sé desde el punto de la escritura, pero lo extrapolo desde el punto deportivo en el que tanto me exijo. Me ha encantado el gráfico, tan real. Animo y a seguir dándole a la tecla. Un abrazo^^

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    1. Muchas gracias por pasarte Daniel. (Disculpa la tardanza en contestar que andaba de vacaciones).
      La verdad es que pasa eso, que cuanto más alto estás sabes que la caída va a doler más. Estoy todavía un poco con pies de plomo.

      El gráfico es… lo que pasa realmente. Seguro que hay algunos que van de forma exponencial, pero los que menos. Lo normal es pegársela alguna vez.

      ¡Un saludo!

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